JUAN GÁLVEZ: EL MAS GRANDE DE TODOS

Juan Gálvez (Buenos Aires, 14 de febrero de 1916 – Olavarría, 3 de marzo de 1963) fue un piloto de carrera de Argentina, hermano del también piloto Oscar Alfredo Gálvez. Es conocido por ser el máximo campeón del Turismo Carretera con 9 campeonatos.

Historia

– – – – El más grande

Juan Gálvez es, Turismo de Carretera por antonomasia. Fue y aún es el más grande. El que más carreras ganó en todo el historial de la categoría. El que más campeonatos tiene en su haber. El que domó los más bravos caminos de entonces, cuando el TC era aventura y cada triunfo sabía a gloria.

De manejo fino, pulido, exacto. No maltrataba jamás al auto que el mismo había armado, ni perdía tiempo trabándolo en las curvas. Alguna vez se dijo; “correr es andar lo suficientemente despacio como para llegar antes que los otros”. Juan hizo suyo este dicho, y a veces provocaba el desencanto del público que se agolpaba tras una curva peligrosa. Otros derrapaban, cruzaban el coche y hasta hacían trompos y semitrompos. Claro, la gente deliraba por el espectáculo visual, y cuando veían pasar a Juan con el Ford afirmado y sin espectacularidad decían; “¿este es el famoso campeón?”. Pero los relojes al final de la carrera establecían su cruda verdad: primero Juan y cómodo.

Nació a la sombra de su hermano Oscar, a quien acompaño en las primeras carreras y luego se largó por su cuenta. Allí no solo supo ganarse su lugar, sino que también se ganó el paso a la historia grande del TC. Un TC enquistado en el fervor de los hinchas, gracias a las proezas de hombres como él.

De carácter introvertido, tenía como máximas cualidades el método y la cerebración. Añadió a su mente calculadora, amplios conocimientos mecánicos y toda la garra y las ganas de aquel que sólo corre para ganar. De quién pone como único objetivo para sus espectaculares dotes conductivas, al triunfo. Con este cocktail no podía sino salir un grande. Seguramente el más grande entre los grandes.

Por ello no escatimaba esfuerzos ni sacrificios cuando había que trabajar en la recomposición del Ford, muchas veces herido por las huellas de miles de kilómetros.

No era un improvisado, a pesar de ser el mejor improvisador cuando las circunstancias en el medio de la nada – donde se corría en aquellos tiempos- así lo requerían.

Aunque de modales calmos y pausados, no perdonaba las equivocaciones y exigía de los demás el máximo. Que era ni más ni menos lo mínimo que el aportaba.

Casi siempre estaba sonriente y su aspecto era muy juvenil. Quizá por eso y por ser el menor de los Gálvez, no fue para el hombre común Juan, sino Juancito. O como solía decirle Oscar simplemente “Cito”.

A diferencia de este, no tenía Juan el carisma de ídolo. No era explosivo en sus gestos ni declaraciones, todo lo contrario. Había que sacarle las palabras con tirabuzón. Sin embargo supo ganarse el cariño de todos por lo inverso. Por su “humildad”. Porque nunca se la creyó a pesar de ser un fenómeno. Porque hablar con el era como hablar con el más simple de los mecánicos. A todos atendía por igual.

Como ya dijimos, empezó en la butaca – en ese entonces izquierda- del acompañante. Y ese hecho aparentemente simple no fue nada fácil de concretar a la minoría de edad (en aquellos años se necesitaban 22 años cumplidos) estaba la reticencia familiar a que corriera. Quedaba entonces un solo camino; fraguar el documento para poder inscribirse en las carreras, y hacerlo obviamente con un seudónimo, “Cito”. “Para engañar a los viejos y así poder seguir con vida, porque si papá se llegaba a enterar, nos mataba” reconocía Oscar en un reportaje muchos años después. Y así, comenzaron en las Mil Millas de1937, las primeras armas de Juan en las rutas argentinas.

Un hecho fortuito –como casi siempre ocurre-lo puso en el camino de la gloria como piloto. Sucedió que el Automóvil Club de Brasil había cursado una invitación para el ganador de Gran Premio Argentino de1940 (Fangio) pero el ACA decidió para aumentar las chances, que fueran dos los representantes argentinos, y entonces se les brindó a los Gálvez el apoyo necesario para acompañar a Fangio en esta empresa.

Arreglaron con el “Chueco” una bolsa común y emprendieron el reconocimiento de la ruta. Lo que aunado a la competencia en sí, les llevó casi un mes de ardua labor, fuera de ese taller que les daba de vivir.

Obviamente, con todo el trabajo que su fama y conocimientos mecánicos les habían brindado, tanto tiempo fuera de la fuente laboral no era muy bueno para tantos clientes.

Sobrevino entonces la decisión heroica. Correrían una carrera cada uno para no desatender totalmente sus obligaciones.

Debutó entonces Juan Gálvez como piloto en la Mil Millas de 1941, con Ford y con Alberto López como acompañante. Y debemos reconocer que como inicio no estuvo nada mal; fue segundo de Fangio. Vino después la Mar y Sierras y posteriormente la coupé volvió a manos de Oscar para disputar el Gran Premio del Sur, corrido en 1942.

El largo paréntesis, ocasionado por la guerra, motivó que cuando se reiniciarán las competencias, ya cada uno lo hiciera por su cuenta, dando inicio a uno de los más grandes duelos de toda la historia del TC, curiosamente entre hermanos.

Pasaron los años y fueron acumulando las victorias en todos los circuitos del país. En los Grandes Premios, en el llano, en la montaña y en los autódromos. El barro, la tierra y el asfalto lo vieron llegar vencedor.

Claro que con paso inexorable del tiempo, las cosas cambiaban. Los circuitos se hacen cada vez más cortos porque el país ha cambiado y la metodología de las carreras junto con él.

En consecuencia, las principales armas de Juancito, eficiencia, equilibrio, conocimientos e improvisación mecánica para resolver problemas en competencia, pasaron a un segundo plano. Las carreras son cada vez más de velocidad pura, y las modificaciones mecánicas en busca de la potencia necesaria se suceden con mayor asiduidad. Las roturas comienzan a aparecer y pasan a ser definitorias, porque ahora las competencias son cortas, no dan la posibilidad de arreglar y luego poder recuperar.

Aparecen nombres nuevos. Jóvenes pujantes y con mucha capacidad, como los Emiliozzi, Marcos Ciani, Rodolfo de Alzaga, Carlos Menditeguy, Juan Carlos Navone, Armando J Ríos y tantos otros que ponían cada vez más en apuros al múltiple campeón.

Pero su temple y espíritu competitivo lo hicieron sobreponerse. Y esto a pesar de continuas roturas que lo perseguían, sobre todo de bielas que no estaban preparadas para aguantar las nuevas solicitaciones.

A pesar del vuelco en Pergamino, durante la disputa del Gran Premio de1960, el cual lo hizo estar prácticamente inactivo durante un año, y a pesar también del cansancio de años de batallar infatigablemente, siguió en lo suyo y aceptó el desafío.

Con 47 años sobre sus espaldas, comenzaba la campaña del ´63 en el clásico Olavarriense. Los pagos de su más enconado rival y el hombre a vencer en esos tiempos: Dante Emiliozzi, quien era acompañado por su hermano Torcuato.

Debido a las lluvias del día anterior, el camino estaba como a Juan le gustaba, complicado. Largó con el Nº 5 y en el “TOP” inicial ya estaba puntero. Al primer paso por el control, Meunier, Saigós y Ríos habían quedado atrás en el camino, solo los “gringos” (Los Emiliozzi) resistían el avance de Juan. La ruta comenzó a secarse y la velocidad de “La Galera” (Auto de los Emiliozzi) empezó a descontar terreno. Juan, que estaba dispuesto a aguarle la fiesta a los locales, ponía todo y lejos de aflojar, también aumentaba el ritmo.

Tercera vuelta, una “S” fácil sobre el Camino de los Chilenos y el auto que se descontrola. El vuelco se transforma en una consecuencia inevitable. Y Juan que no se ataba por miedo al fuego, salió despedido brutalmente del auto.

Se produjo entonces el abandono eterno del más grande de todos los tiempos. Las rutas argentinas ya no sabrían más de sus hazañas. Aunque se dice que mientras haya un camino de tierra, un vado una loma de burro en las rutas sudamericanas, el espíritu de Juancito, volará sobre ellos domándolos, como siempre supo hacer con su encabritada coupé Ford en pos de la gloria.

– – – – Breve reseña

ULTIMA FOTO CON VIDA… SALUDO A LA GENTE Y VA RUMBO A LARGAR… HABIA LLOVIDO MUCHO

Nació en la Paternal el 14 de Febrero de 1916. Debutó como acompañante de su hermano Oscar en la Mil Millas de 1937 y como piloto en la de 1941, donde se clasificó segundo de Juan Manuel Fangio ganando además la segunda etapa.

Su record es realmente impresionante. Con 56 victorias totales es el Nº 1 de todos lo tiempos. Ganó 5 Grandes Premios sobre 16 disputados y 31 etapas en los mismos. Fueron estos los de 1949,1950, 1951, 1956 y 1958. Entre carreras, Grandes Premios y etapas de ambos, nada más y nada menos que 109 veces lo vio la bandera a cuadros como triunfador. Las carreras que más veces lo vieron ganar, fueron la Mar y Sierras en 6 oportunidades. El Gran Premio en 5. Las Vueltas de Santa Fe, Rojas y las Mil Millas en 4. La Viñas y Sierras y las 500 Millas Merceditas en tres y finalmente las vueltas de La Pampa, Hughes, Tres Arroyos y Circuito La Tablada en 2.

Resultó campeón nada menos que 9 veces. En dos oportunidades por cuatro años consecutivos. Ganó en el ´49, ´50, ´51, ´52, ´55, ´56, ´57, ´58 y ´60. Es decir que solo en 12 años ininterrumpidos, sólo Oscar en el ´53 y ´54 y Rolo de Alzaga en el ´59, pudieron cortar esta arrasadora seguidilla de campeonatos. También capturó los subcampeonatos del ´41, ´53, ´54 y ´59. Inigualable.

Falleció en un accidente en la 10ª Vuelta de Olavaria, el3 de Marzo de1963, a la edad de 47 años.

– – – – ¿Secreto?

Una vez, vistos los impresionantes resultados que estaba obteniendo Juan con sus actuaciones, alguien le preguntó cual era el secreto, para obtener tales clasificaciones. Juan, con la calma y autenticidad que siempre tuvo en las declaraciones, simplemente contesto “¿secreto? Simplemente colocar el pie en la tabla siempre”

– – – – El accidente

“Al entrar en la primera de las curvas de una “S” en el Camino de los Chilenos, vendríamos a unos 180 Km. /h aproximadamente y Juan trató de colocar la segunda, pero algo pasó y no entró. Insistió un par de veces más con idéntico resultado y entonces optó por poner de vuelta la tercera. Pero el auto quedó entonces muerto, sin la potencia necesaria para salir de la curva. Esto más el barrito que había, hizo que el coche con las ruedas dobladas se desplazara de adelante hacia el lado opuesto. Juan enderezó el volante para que el auto saltara la zanja. Pero se clavó la rueda delantera izquierda y empezamos a dar vueltas. Un estanciero con su hija estaba ahí, me contó que dimos 5 o 6 vueltas y que en la primera de ellas el auto se levantó a 5 metros del piso. Juan quedó inconsciente a dos metros del auto pero del lado mío, y yo a unos 15 metros pero del lado de el.

No pinchamos una goma como alguien dijo. La rueda se pinchó al romperse el tren delantero y clavarse una hoja de elástico”

Raúl Cottet (acompañante de Juan).

JUAN, OSCAR Y ROBERTO GALVEZ, LOS TRES FUERON GANADORES EN EL TC… ADEMAS ROBERTO ACOMPAÑO A JUAN VARIAS VECES

– – – – Fue el dia 3 de marzo de 1963.

Ese día, desbordaron los rios y los mares. Las lagrimas incontenibles de millones de argentinos de todas las edades, provocaron las corrientes caudalosas que apenas el paso del tiempo pudo atenuar.

Fue hacia el mediodia.

Porque el Turismo Carretera vivia una epoca de intenso apogeo, todos estaban prendidos rigurosamente a la radio. O casi todos. Porque recordamos – como si fuera hoy- que algunas señoras se cruzaban de vereda, en cada barrio, para darle la noticia, sin poder creerlo todavia, a la vecina que no acostumbraba a escuchar las legendarias transmisiones de Luis Elias Sojit.

-¡Se mato Juancito Galvez! ¡Se mato Juancito Galvez!

Eran las voces que informaban, desesperados unos vecinos a otros.

Si. Se habia matado Juancito

El que tambien parecia tan eterno como el agua o el aire. El, que era un pedazo de todos nosotros. El, que sabia tanto. El, que tenia la humildad de los inteligentes y la inteligencia de los humildes.

No, no se podia creer.

Por los tiempos de los tiempos, la gente lo seguira recordando y los abuelos le contaran a los nietos.

Juancito fue un grande en serio. Si hubiera grabado –como Carlitos- lo tendriamos presente hora tras hora, y hoy habria compactos y casets con la musica inconfundible de los “fores” que el mismo preparaba con maestria.

– – – – LOS MOMENTOS FINALES DEL IDOLO

El diario “El Popular” del dia del accidente lleva por titulo: “Por cuarta vez consecutiva Dante Emiliozzi gano una carrera siganda por la muerte del mas grande corredor de TC: Juancito Galvez”. En una parte de la cronica se señala “… Pocos kilometros mas adelante se produce el vuelco que seria fatal para el multiple campeon argentino de carretera, Juan Galvez. Una curva fatal iba a detener para siempre la marcha de quien fuera a traves de muchos años indiscutido campeon e idolo de multitudes en nuestro pais”.

– – – – EL ACCIDENTE

Bajo el título “El accidente” expresa “El Popular”:

“Resulta dificil reconstruir el accidente que costo la vida a Juan Galvez. Declaraciones de Cotet y de algunos espectadores que se encontraban cerca permiten informar algunos detalles”.

“El coche 5 libraba un duelo singular con el 1. Juan llevaba mas de un minuto de ventaja a Emiliozzi, y este comenzo a apurar el tren de marcha en procura del triunfo. Juan seguia tenazmente en la cola del puntero. Le bastaba verla para saber que ganaba la carrera”.

“En la tercera vuelta, la mas veloz, los 50 y 100 metros que separaban las maquina, se habian estirado a mas de 1500. Emiliozzi iba poniendo distancia buscando disminuir su ventaja en tiempo. En esa lucha titanica, mantenida durante mas de 300 km. uno de los actores estaba signado por la fatalidad”

“Y acaecio entre los campos “La Natalia” y “El Olvido”, sobre el Camino de los Chilenos, a unos treinta km. de nuestra ciudad. El coche de Juan tomo una curva competa y amplia, a gran velocidad. Pero el barro lo hizo ir a la banquina y alli dio contra un mojon. La maquina salio despedida y empezo a dar tumbos. Se afirma que dio 5 vueltas”

“Ni Juan ni Cottet tenian puesto el cinturon de seguridad; nunca lo usaban. Se abrio la puerta del volante y Juan fue despedido. Cayo sin conocimiento. Los aviones que colaboraban en la transmision de las emisoras porteñas, en arriesgada maniobra, se lanzaron al campo y acudieron en auxilio. Juan vivia aun”

“Cottet no quiso abandonar el coche. Solo tenia algunas contusiones. El cuerpo examine del gran volante fue llevado en avion hasta el aeródromo, donde lo aguardaba una ambulancia”

“Pero ya era tarde. Las graves lesiones en el craneo y en diversos organos apretados y golpeados, habian extinguido la vida del extraordinario señor de las carreteras argentinas”

“En el Hospital, el Dr. Valentin Fal anuncio la muerte de Juan Galvez. Frente al instituto, una multitud se habia agolpado. Habia muerto rodeado, como en las rutas que lo vieron ganar. Oscar Galvez se entero del accidente y fue rapidamente a Olavarria.”

En la contratapa de “El Popular” dice: “Si alguna vez hay que morir, quiero morir siendo lo que soy”. La frase corresponde a Juan Galvez, nueve veces campeon argentino. “Mil veces jugo su vida en los caminos `Quiera Dios que todos podamos volver con felicidad a nuestros hogares` dijo en una audicion radial de la vispera ¿Habia algun presentimiento tragico en esa convocatoria? Juan, el metodico; Juan, el parco; Juan, el calculador; Juan, el discreto; Juan, el abstemio. Era otro Juan en la noche anterior. Era otro en la hora previa a la largada. Nervioso y transpirado, sorprendio a quienes lo conocian. ¿Qué misterioso influjo gravitaba sobre el gran volante alterando su temperamento habitual unas horas antes de que el destino tronchara su existencia? Salio a jugarse, como un campeon.

“Murio en su ley, siendo el primero, como fue siempre el primero de los valientes y capaces que corren en nuestras rutas”… EXTRAIDO DEL LIBRO «POLVAREDAS Y EMOCIONES»

– – – – Pedro Julio Morales: «Murió en los brazos de mi hermana»

«Lo encontramos con mi hermana (Marta Susana) tirado al lado del auto; estaba boca arriba, con la cabeza en dirección del camino. Le saqué el casco, le desprendí el cinto del pantalón para que pudiera respirar, pero Juan ya estaba agonizando. Tenía los ojos abiertos pero la vista perdida. No tenía el cuerpo lastimado, no vimos sangre por ningún lado. Cuando llegó el avión para llevárselo, ya había muerto».

Con esas palabras, Pedro Julio Morales (olavarriense) describe una y otra vez aquel momento tremendo que le tocó vivir hace treinta y seis años, cuando este plantista de una empresa olavarriense de vialidad -cuando tenía sólo 17 años- fue el primero en llegar, junto con su hermana, al lugar del accidente fatal de Juancito Gálvez.

Hacía muchos años, que tenía ganas de contárselo a todos. Su relato lo saben su familia y unos pocos amigos, nada más; pero sentía la necesidad de decirlo, de explicar cada detalle de lo que ocurrió, de lo que vio y de lo que sintió mientras intentaba auxiliar a quien hoy es una leyenda del automovilismo deportivo argentino.

Esa necesidad de contarlo todo le rompía el pecho; no aguantaba más, y Pedro recuerda cada instante como si fuera hoy. Se emociona en cada palabra.

«La carrera pasaba por el boliche La Ilusión, luego los autos entraban a Pourtalé, pasaban por el Camino de los Chilenos y por allí a Olavarría; doblaban por atrás de La Rural, iban por Del Valle y después llegaban hasta la ruta 51. Creo, si la memoria no me falla, que ése era el circuito que hacían los autos. El día antes al de la carrera habían llovido entre 15 y 20 milímetros y no se sabía si se largaba», recuerda don Pedro.

«El Camino de los Chilenos estaba muy barroso. Y por aquella época era angosto, no tan ancho como es ahora. En la penúltima vuelta fue el accidente. Donde volcó Juan era un lugar difícil para un accidente, pero el destino es el destino. El acompañante (Raúl) Cotet había dicho que el auto tenía un problema en la caja de velocidades», sigue contando.

«En ese tramo había una doble S. Al encarar la primera S el Ford se le fue un poco, pero Juan logró acomodarlo, pero enseguida se encontró con la otra S y se le fue del camino otra vez. La parte de atrás iba sobre la banquina y las dos ruedas delanteras sobre el camino, casi totalmente atravesado. Pasó por arriba de una alcantarilla y unos 30 metros más adelante la cola del auto golpeó la banquina, dio un giro y se puso de frente, para clavarse de punta contra la cuneta», recuerda Pedro, quien estaba escuchando la carrera por radio y mirándola a cien metros, no más, de donde ocurrió aquel accidente.

Pedro Julio estaba con su padre (Pedro Julio también), su madre Ernestina (quien tenía en brazos a su hermano Juan José, de casi dos años) y sus dos hermanas (María Esther y Marta Susana). Todos se habían ubicado arriba de un carro, «dentro del campo San José, en el que mi papá era el encargado», cuenta. Y por eso pudo ver, claramente y con detalles, cómo ocurrió todo.

«El auto chocó contra la cuneta y se levantó; fue girando en el aire con una velocidad impresionante, rebotó en el piso dos veces, se levantó más todavía -una altura de unos siete metros aproximadamente, quizá porque debe haber pegado con las ruedas-, cayó otra vez, dio tres vueltas y antes de que se apoyara definitivamente, lo despidió a Cotet, que cayó como a quince metros. Salimos corriendo mi papá, mi hermana Marta y yo; saltamos una tranquera y comenzamos a correr. Primero llegamos hasta donde estaba tirado Cotet, pero mi padre se quedó con él y nos dijo «busquen al otro, busquen al otro».

«Seguimos corriendo hasta el auto y adentro no había nadie. El auto estaba parado sobre sus cuatro ruedas, con la cola hacia el camino y la trompa mirando hacia el medio del campo. Y encontramos a Juan tirado al lado del auto, pero del lado izquierdo, es decir sobre el lado del copiloto, ya que esos autos llevaban el volante a la derecha. Intenté levantarlo, pero sólo lo senté y quedó apoyado sobre los brazos de mi hermana. Yo estaba asustado. Le saqué el casco, le aflojé el cinto del pantalón para que pudiera respirar; Juan abrió la boca dos o tres veces, como si le faltara el aire. Y en ese instante murió. Murió en los brazos de mi hermana; yo estaba frente a él. Hicimos lo que pudimos. No había nada de sangre y la cara estaba toda morada. Seguramente tenía muchos golpes internos. Es que no se ponía el cinturón de seguridad -y a eso lo dijo Cotet después-. Cuando el auto estaba en el aire, mientras giraba, vimos como si fuera una bolsa que iba girando, enganchada. Pero después no había nada; a lo mejor, era Juan, pero no podría comprobarlo», sigue recordando.

«Sabía perfectamente que era Juan Gálvez el del accidente, porque los Emiliozzi habían pasado antes; iban como tres mil metros adelante. Pero el Ford de Juan estaba pintado con los mismos colores que el de los Gringos (azul y colorado) y tenía la publicidad de Atma; sólo los diferenciaba el número. Después llegó un avión, hicimos señas y bajó en la calle, en el camino, y menos mal que no venía ningún auto. Después, algunos corredores comenzaron a llegar al lugar y pararon. Ayudamos a cargarlo en el avión, pero Juan ya estaba muerto. Mi padre se había quedado con Cotet -a quien ayudó a reaccionar-, que sólo tenía unos golpes, y le preguntaba a mi viejo cómo estaba Juan; él quería ir hasta el auto, pero no lo dejó. Después bajó otro avión, en el campo, y se llevó a Cotet. Después comenzó a llegar mucha gente», cuenta Pedro.

«Al auto le faltaba la puerta derecha, la del piloto. En el accidente se arrancó, pero después la colocaron. Pude ver que los cerrojos de las puertas estaban atados con alambre de fardo. A eso lo vi yo. Quizá por eso se abrieron, aunque eran autos muy compactos. El parabrisas y la luneta estaban intactas, se habían roto los vidrios de las puertas y había perdido el capot, además de la puerta derecha. Desde el lugar donde se clavó contra la cuneta hasta donde cayó definitivamente, sobre sus cuatro ruedas, recorrió entre 60 y 70 metros. La aguja del cuentakilómetros había quedado clavada en 160. Realmente, no sé por dónde salió Cotet; quizá por su puerta si se abrió en un momento del vuelco; lo que no me explico tampoco es el lugar donde encontramos a Juan: estaba tirado del otro lado de su butaca», señaló.

«Todo sucedió muy rápido -recuerda-; uno se da cuenta de lo que pasó, toma conciencia mucho después. Hasta miedo sentí en ese momento. Es que nunca había vivido una experiencia de esa naturaleza; yo tenía 17 años y mi hermana 18. Inclusive quedamos sugestionados con ese accidente. Al año siguiente la Vuelta de Olavarría también pasó por el mismo lugar, pero en sentido contrario. A 400 metros de donde se accidentó Juan volcó el pampeano Marchini, pero salió ileso. También fuimos los primeros en llegar, pero estaba bien y mi padre lo llevó a Pourtalé», sigue recordando.

Pedro Julio Morales fue quien llegó, con su hermana, hasta el cuerpo de Juan Gálvez.

El destino así lo quiso. El destino también quiso que aquel 3 de marzo de 1963 aquel hombre que manejaba como los dioses, que tenía su taller en La Paternal, peinado a la gomina, bigote finito, sonrisa difícil, mirada penetrante, amigo y gran tipo, compinche de su hermano Oscar, marido ejemplar de María Elina Olaechea y padre cariñoso de sus hijos Juan y Ricardo, se fuera para siempre de una manera trágica.

El destino sabrá, también, por qué, cuando tuvo que venir a correr a Olavarría, en su casa dejó olvidada una parte de la medalla de la Virgen de Luján (otra llevaba su esposa y otros dos sus hijos).

Había nacido el 14 de febrero de 1916 y a los 47 años se fue para siempre.

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