45 años: El día que Reutemann se quedó sin nafta

15 de enero de 1974

EL DRAMA DE REUTEMANN

PERMANECERA PARA SIEMPRE EN NOSOTROS ESE DIA, COLGADO EN LAS TRIBUNAS REPLETAS, CON MAS DE 100.000 PERSONAS, NO CABIA UN ALFILER Y DEBIAMOS VER LA CARRERA COMO SE PODIA, EN MI CASO AUN COMENZANDO MI LABOR PERIODISTICO DEPORTIVA, FUI SIN ACREDITARME, LO VIVI ENTRE LA GENTE, PUDE VIVIR ESOS MOMENTOS DE ALGARABIA Y FELICIDAD, PERO EN POCO TIEMPO, TAMBIEN CONOCI EL SILENCIO Y LA DECEPCION…

SI BIEN LUEGO VINO LA ETAPA BRILLANTE DEL LOLE, UNO DE LOS MAS GRANDES PILOTOS QUE HA DADO NUESTRO PAIS, PARA REGALARNOS MUCHAS VICTORIAS EN LA FORMULA UNO, ALGUNAS MUY ESPECIALES COMO MONTECARLO, NO SE DIO EL CAMPEONATO POR MUY POCO, PERO ESO ES LO DE MENOS, LAS EMOCIONES QUE NOS BRINDO EL LOLE REUTEMANN, NUNCA PODRAN COMPARARSE CON NADA NI NADIE… (Roberto Nápoli)

— Ultima vuelta. 800 metros de la bandera a cuadros. El Brabham número 7 no quiere seguir…

Por Carlos Thiery (El Gráfico)

El día que Reutemann se quedó sin nafta.Por qué no paró Reutemann a cargar combustible?..Esa era la pregunta de la gente que salía del autódromo con las ganas del festejo atravesadas en sus gargantas. ¿Por qué no lo hizo?, ¿acaso estaba prohibido? No. La carga de combustible no está prohibida, siempre que en su box se encuentren los bidones de nafta perfectamente cerrados y dos extintores de incendio flanqueándolos.

Y si estaban los bidones, ¿por qué no se detuvo? Porque estos autos, normalmente, hacen toda la carrera sin necesidad de reaprovisionarse, y el piloto, desde su auto, no puede dar la orden para efectuar ese trabajo…La misma debe ser impartida desde boxes, luego que se hayan organizado todos los mecánicos.

A Lole la parte superior de la toma dinámica se le soltó en la vuelta 39. Faltaban 14 para el final. Más de una cuarta parte de la prueba. En esos casi 84 kilómetros que tuvo por delante, el motor siguió funcionando a pleno. Al soltarse esa parte de la toma, la entrada de fluido se redujo y comenzó a funcionar como cebador. A 10.000 vueltas el motor necesitaba qué quemar, y al reducirse el aire consumió mayor cantidad de nafta: 115-145.

Reutemann veía la sombra de la flameante toma en el pavimento, pero no podía imaginar el exceso de consumo. En el box también estaban al tanto del problema y no imaginaban el drama que se avecinaba…Y aún sabiéndolo, la carrera quizá se hubiera perdido si lo hacían detener en boxes. La ventaja máxima acumulada por el santafesino sobre Hulme fue de 29 segundos y la detención le hubiera llevado más de eso por la prolongaba zona de desaceleración de los boxes, el nerviosismo y la improvisación sobre problemas que normalmente nunca se presentan en carrera.

Dos horas para aplaudir. Dos minutos para llorar.

Decenas de veces nos preguntaron «¿Cuándo va a ganar Reutemann?», exigiendo de algún modo que las respuestas tuvieran una cifra precisa. Naturalmente, nunca fue posible entregarla y en cada ocasión el autor de la pregunta pareció quedarse con la sensación de habernos derrotado. Sin embargo en el «Grand Prix de la República Argentina» fue el mismo piloto quien se encargó de dar a todos cuantos se interesaron por su futuro una de las respuestas más concluyentes que podíamos esperar. Punteó durante 50 de las 53 vueltas que compusieron la carrera, logró sobre el segundo una diferencia sobrenatural (casi 28″) de la que no hay antecedente en la memoria tratándose de una carrera puntable de F-1, llevó de paseo a los mejores autos y a los mejores pilotos del mundo durante el 95% de la carrera, y aun corriendo el riesgo técnico de estrenar un auto pudo darse con cierta comodidad el inesperado lujo -inesperado para nosotros- de tomar hasta un segundo y fracción de ventaja por vuelta sobre el pelotón que lo perseguía.

Faltando apenas media vuelta, y pocos metros después de entregarle la punta a Denny Hulme, Reutemann y su flamante BT-44 se detuvieron definitivamente en la entrada del mixto provocando la melancolía de casi 100.000 espectadores. Las repletas tribunas habían tenido dos horas para aplaudirlo y dos minutos para llorar sinceramente esa injusticia deportiva. Así Reutemann nos colocó a todos mucho más cerca de la reacción sentimental que del análisis frío, maduro y atinado.

Sueño y realidad de un domingo para la historia.

Unas veces se confunden. Otras se chocan. El sueño y la realidad pueden ser iguales. Lo consiguieron el domingo hasta las seis y cinco de la tarde. Reutemann primero, por escándalo. Así como pocas veces se va ganando una carrera. Sin que nadie pueda dudar del triunfo final. Era el sueño y la realidad, los dos en uno, mezclados, unidos. Hasta las seis y cinco de la tarde. Ahí se terminó todo; el sueño siguió quedando allí, en ese rincón donde siempre lo guardamos. La realidad nos pegó un cachetazo…

De todas maneras -como suele suceder- el cachetazo sirve para el futuro. Y el futuro de Reutemann ahora es brillante: porque tiene un auto de punta, capaz de competir ante cualquiera; porque de acuerdo a las condiciones del resto de la Fórmula Uno ’74, está para ganar seguido; y fundamentalmente porque el santafesino se ganó a la tribuna, que es como decir al país. Pienso que es el saldo más trascendente: nadie dudará de aquí en delante sobre las aptitudes de Reutemann. Todos se preocuparán mucho más de alentarlo para que gane que de buscarle fallas. Lo de Reutemann es un certificado de confianza en nosotros mismos, y ese es su incuestionable valor.

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